“El Amor Animal”(2)

Bajé las escaleras y noté un temblor en mis rodillas. No pensaba en nada. Ahora era solo un pasajero.
Llegué al pomo de la puerta y sentí algo extraño al girarlo. Sentí una perspectiva nueva aunque conocida. Algo infantil. Algo pequeño.
Por la calle volvía en mi por momentos. Me sentía vibrar ondulante en mis pantalones, como una membrana de nata en la leche. Cada vez más liviano, como un niño.
Como un niño asustado.

Me paré en un semáforo. ¿Por qué no la había marcado? Sentía su sabor en mi boca. Sabía a pólvora. Dicen que cuando notas ese sabor en la boca es que vas a tener un infarto.
Me volvían loco su culo, sus labios y su manera de reír. Iba a tener un infarto.

El semáforo se puso en verde y la perspectiva volvió a cambiar. Sentía el semáforo demasiado lejano. Miré la hora y noté que la manga de la chaqueta me cubría las manos.
Pensé en el aspecto de David Byrne en aquel concierto tan espectacular con aquel traje enorme.
Psycho killer.

Crucé y mientras caminaba sentía las luces de los coches deslumbrantes de una manera que antes no había sentido. Todo estaba más cerca. Sentía mis pies afianzados en la tierra y mi cabeza muy lejos del cielo.
Pensaba en la forma de sus dientes, en el color de los labios y en berenjenas con bechamel. Me excité pero nada parecía ridiculizarme en mi pantalón. Pensaba en su voz y me parecía sentir el roce de sus labios en mi cuello. Era la camisa.
Me ahogaba en la camisa manchada de pintalabios.

Todo estaba demasiado enfocado como para ver nada, pero al final de la calle reconocí un vestido de rayas. Un perro me ladró tan cerca de la cara que pude sentir su aliento a pienso al final de la garganta.
Las circunstancias me tragaban. Aquella chica del vestido era mi mujer.

Caminé y, sin quererlo, dejé los zapatos tras de mi. La llamé por su nombre. Estábamos tan cerca y tan lejos al mismo tiempo que no me di cuenta de que mi voz sonaba aflautada como un ruiseñor. Tenía una papelera justo delante de mis narices y tuve que deshacerme de aquel enorme pantalón que me apresaba.

Entonces, como un huracán, apareció mi hijo, ataviado con un chándal del colegio.
Me miró. Yo continuaba gritando con aquella estúpida voz el nombre de mi mujer.
El niño me miró intrigado. Pude ver como su expresión giraba desde la curiosidad hasta el horror.
Escuché un sonido sordo y seco. Un batir constante y asmático, cada vez más intenso. Unas sirena difusas.
Mi hijo se puso a llorar en las alturas. Yo estaba desnudo y asustado. Sus lágrimas caían a mi lado haciendo temblar el suelo.
Ella se giró y yo no podía ver más que una enorme carrera en sus medias.

El sonido se volvió ensordecedor y vi como una sombra estirada y nocturna se alargaba lentamente a mi espalda para alcanzarme.
Cuando me giré, mi hijo había detenido el llanto y me miraba fijamente.
Tenía el balón de baloncesto que le habíamos regalado por su cumpleaños en alto y ahora la sombra ya me cubría por completo.
“Soy un gusano, no dejes que mamá me vea así”. Supliqué.

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  1. Intense, pas si elle me donne de bons souvenirs ou de mauvais souvenirs de sorte que même inexistantes … J’aime que nous avons créé vous vous souvenez? Ne croyez pas tout ce qui est réel

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