La parábola del semen

Existe una parábola  que me confirma cada día que no estoy equivocado.

Un hecho que me da la razón indefectiblemente, que me condena y que me libera al mismo tiempo.

¿Sobre nosotros?

Sobre mí.

¿Y cuál es?

Cuando me corro, mi semen te busca.

(Ríe) ¿A mí?

Sí, a ti y solo a ti.

(Ríe)

No te rías. Es verdad. Acabo de correrme encima de ti.

Eso será porque yo lo he querido.

Mi semen te busca. Porque algún día mis lobos colgarán de tus tetas.

Mi semen es exigente, sabe lo que quiere.

Tu semen tiene buen gusto.

Gracias.

(Ríen)

Y… ¿Sabes lo mejor?

¿Qué?

Que, si quiero, siempre puedo saber dónde estás.

(Ella ríe)

Si estoy solo, mi semen forma una parábola perfecta en tu dirección.

Es como una brújula, como un palo en “Y” para buscar pozos.

Solo que no busca pozos.

Me busca a mí.

Exacto. Por cierto…  si te fijas, esos palos son como un tirachinas sin la goma.  Eso también tiene relación con los condones… supongo.

Eres un cerdo… ¿Y si estás acompañado?

Si estoy acompañado… mi semen hace lo que puede. Mi semen no es perfecto. ¡Por el amor de Dios! Estoy hablando de semen… ¡No se trata de una persona! Ni siquiera de un feto…

No es, NI MÁS NI MENOS… que mi SEMEN.

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    • Me llegó una estadística el día 1 de Enero, con datos sobre el blog… y ponía que lo más buscado para llegar a él era la palabra: “semen”.
      Esto quizás no diga mucho de mi como escritor, pero sí como EMISOR (de semen).

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